El "texto griego". ¿CUÁL texto griego? (El Equipo de EEChO)
Una defensa de la tesis de la redacción original de los Evangelios en arameo
En cuanto se menciona la tradición oral evangélica (y más aún la tradición oral aramea), el reflejo condicionado objeta: «¡Pero el texto canónico del Nuevo Testamento es el texto griego!». ¿Cuál es entonces este texto griego que tendría primacía sobre el arameo, e incluso sobre los textos latinos más antiguos?
No se trata del texto griego que utilizan los cristianos de Grecia y Constantinopla, estandarizado en el siglo VI. Nos referimos a un texto griego supuestamente original, que habría sido el origen de los manuscritos griegos que conocemos, y que habría sido escrito por los autores del Nuevo Testamento, o incluso por los sucesores (las «comunidades») que habrían utilizado su nombre.
Cabe señalar, de paso, que, en materia «canónica» (es decir, jurídica), hay que remontarse al Concilio de Trento para encontrar una indicación al respecto. Este concilio precisó (en sus apéndices, consultables en bibliotecas, pero no disponibles en la web por el momento) que el texto normativo es la Vulgata... para los occidentales, y la Peshitta para los cristianos de la Iglesia de Oriente (los católicos hoy llamados caldeos, para distinguirlos de los asirios). De hecho, el «texto griego» no podía servir de norma: en realidad no existe.
Lo que existe efectivamente son siete familias de manuscritos [en griego] textualmente irreductibles entre sí (las variantes textuales convergen en cuanto al sentido general, pero no palabra por palabra), lo que significa que no pueden tener una fuente común. Al menos no en griego. Además, hay variantes dialectales (había cuatro formas principales de la lengua griega). Solo a partir de finales del siglo XIX los exégetas occidentales trataron de sintetizar las mejores «lecturas» extraídas de estas siete familias y crearon un «texto griego» (que no es realmente una armonización, sino una serie de elecciones). Así, crearon incluso una lengua a la que llamaron «griego koiné» o «griego del Nuevo Testamento», con una gramática y un léxico fabricados para la ocasión. Luego, mediante un truco de magia, este texto artificial se presentó como la norma. Esto hace sonreír a los ortodoxos griegos que conocen la historia de su propio idioma.
Resulta que la Peshitta o texto de la Iglesia asirio-caldea (peshitta significa estricto en el sentido de texto sin glosa) no corresponde precisamente a ninguna de esas siete familias de manuscritos griegos, pero puede explicar las variantes de cada una de ellas. Este artículo ofrece numerosos ejemplos. De hecho, si la Peshitta fuera el resultado de una «traducción del griego» (como se ha dicho), habría tenido que ser una armonización genial de las siete familias griegas y, por supuesto, posterior a ellas. Esta hipótesis da lugar a muchas otras en cascada. En efecto, habría que postular entonces que el Nuevo Testamento arameo no existía (y, por lo tanto, tampoco los cristianos de Oriente) antes de que, tardíamente, un genial erudito oriental decidiera producirlo, reuniera una cantidad impresionante de manuscritos griegos y, finalmente, lograra constituir un maravilloso texto arameo que armoniza las variantes de esos manuscritos griegos.
En este punto, nos enfrentamos a una disyuntiva: o bien cierta exégesis tiene razón al afirmar que la Peshitta proviene del griego, pero entonces hay que creer que, durante dos mil años, nadie ha sido capaz de hacer en griego el milagro que un oriental habría logrado hacer en arameo; o bien se debe invertir su suposición, es decir, que la Peshitta debe ser considerada como un excelente testimonio de la fuente de los manuscritos griegos: la diversidad potencial de las traducciones de este texto arameo al griego explica perfectamente la de las familias de manuscritos griegos, que es precisamente irreductible.
Entre una maraña de hipótesis a priori (y negacionistas, ya que niegan la antigüedad de los cristianos de Oriente) y una explicación fundamentada y verificable, la elección parece bastante clara. Es hora de que la Peshitta recupere su lugar como norma, pero no simplemente como un «texto para leer». Como saben quienes practican la oralidad, se trata menos de «leer» que de «aprender» —idealmente de memoria—, ya que el enfoque y la comprensión que se tiene de la Peshitta (o de las traducciones parciales ya disponibles) son sensiblemente diferentes en un caso y en el otro. Esto nos remite a la propia historia del «texto», en particular a la de los evangelios, que son en de hecho cristalizaciones puestas por escrito y organizadas inicialmente para la liturgia (Juan para la formación), de composiciones orales realizadas por los apóstoles y otros testigos de Cristo, y que eran mucho más extensas.
El mito occidental del «texto griego» ha llegado a su fin.
El Equipo de EEChO
Nota complementaria aportada por BS:
Para dar un ejemplo del ambiente de la época sobre la calidad de una transmisión...
Los cristianos orientales atribuyen a Mar Rábula, Obispo de Edesa del 412 al 435, el haber establecido una Peshitta en dialecto siríaco que introdujo, además de las variantes dialectales, varias decenas de cambios de sentido con respecto a la Peshitta, variantes que pueden ser imputadas a la influencia cultural bizantina. Estos cambios de sentido son esencialmente de tendencia monofisita.
Mar Rábula fue apodado «el traidor». Esto no es muy caritativo si se aplican los criterios de hoy, según los cuales la cuestión de la fidelidad a una tradición es anacrónica y la única verdad revelada y absoluta es que no existe una verdad absoluta; pero en aquella cultura no se juega con el Evangelio... ¡ni siquiera con una yod [la letra más pequeña del alfabeto arameo]!
Solo quien se sabía el Evangelio de memoria tenía derecho a copiar su ejemplar del Evangelio. Y lo copiaba hasta la última yod.
Gracias a este tipo de reglas y a esta atención al texto hasta la última yod, Mar Alichoran y Pierre Perrier pudieron comparar (a confirmar por el interesado, información recabada verbalmente) el Job de Qumrán en arameo con el Job de la edición Peshitta, compilada a principios del siglo XX y que hoy es la versión oficial en la Iglesia Caldea. Es simple: ¡no hay diferencias! Del mismo modo que no hay diferencias entre el [manuscrito siríaco] Vat Syr 12, traído a la [Biblioteca Apostólica] Vaticana por el Cardenal Tisserant, el Khabouris, manuscrito del siglo XI o XII publicado hace unos diez años en Internet, y la edición litúrgica actual de los caldeos.
Si comparamos el Codex Brixianus (siglo V), la Vulgata de San Jerónimo, la del Concilio de Trento y la Neovulgata, simplemente ya no estamos en el mismo mundo.
Y si comparamos los manuscritos griegos de las variantes pre y posmarcionitas, con las diferencias dialectales hasta la obra de Nestlé y Aland y sus no sé cuántas ediciones sucesivas, hemos cambiado de galaxia...
Para meditar.
Fuente: https://www.eecho.fr/le-texte-grec-quel-texte-grec/
Traducción de Daniel Iglesias Grèzes



Interesante!! ¿Querría decir que la vulgata pudiera, si estas hipótesis fueran confirmadas, ser desplazada por la versión aramea en un momento dado? ¿Que implicaciones podría tener dicho cambio? Saludos y excelente inicio de año!